
-Realidad que supera a la ficción
-Especie invasora que depreda los humedales
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Corría la segunda mitad de los años ochenta del siglo pasado, y en Puerto Triunfo, municipio colombiano, se cimentaba una de las leyendas negras más impactantes del bajo mundo, la historia de Pablo Escobar Gaviria, uno de los narcotraficantes más ricos e influyentes del crimen mundial.
“El Patrón”, como se le conocía, era famoso por su personalidad excéntrica e indescifrable, por los lujos y caprichos que costeaba con enormes cantidades de dinero en efectivo y que transportaba un séquito de atrevidos pistoleros -jóvenes en su gran mayoría-, que no dudaban en dar la vida por él.
A Pablo Escobar le gustaban los reflectores, al revés de lo que impera en el bajo mundo, donde se busca vivir con bajo perfil para no levantar sospechas ante autoridades y opinión pública.
Entre sus muchas excentricidades se encuentra la propiedad en la que escribió parte de su historia, la Hacienda Nápoles -que hoy es un campo temático y sitio turístico-; hacienda que gradualmente creció en extensión, ya que la forma de negociación del Patrón con los vecinos era muy sencilla y directa, aunque en extremo violenta, “plata o plomo”. Es decir, Escobar ofrecía comprar la tierra a un precio mayor al que tenía en el mercado, lo doble o si El Patrón se empecinaba, lo triple del valor comercial; en caso de negarse, mataban a los dueños y se quedaban con la propiedad, así de simple.
Diversos cronistas, que incluso conocieron personalmente a Pablo Escobar, cuentan que cierta ocasión, fue a una de las propiedades de los hermanos Ochoa Vázquez (socios y cofundadores de El Cartel de Medellín), la organización que esos años controlaba el multimillonario negocio de introducir cocaína colombiana a Estados Unidos, vio una gran colección de animales exóticos -aves principalmente- y quedó impactado. De ahí nació la obsesión por tener su propio zoológico personal, justo en la Hacienda Nápoles.
Ya con la extensión suficiente, Escobar buscó proveedor y lo encontró con la “International Wildlife Park”, en Dallas, un viejo zoológico en Estados Unidos, que ofrecía safaris, paseos en camello y el show de un canguro boxeador.
Corrompiendo y gastando cientos de miles de dólares, finalmente los animales comenzaron a llegar a Medellín, Colombia, pero había otro problema que sortear; ejemplares de antílopes, leones, tigres, jirafas, elefantes, leones, cebras y cientos de especies africanas en su gran mayoría, no podían ir hacia una casa de un particular, sino al zoológico de la ciudad, por lo cual tuvo que corromper nuevamente a las autoridades y así, los animales que llegaban a la ciudad eran transportados al zoológico, y de madrugada, los hombres de Escobar iban por ellos y los cambiaban por animales locales.
Cambios insólitos: Cebras por burros y caballos, aves exóticas por gallinas, patos y guajolotes, y de esta forma, los animales llegaron al zoo privado de El Patrón, don Pablo Escobar.
Pero los ejemplares que complicaron las cosas fueron los hipopótamos, pues un animal tan grande no podía pasar desapercibido. Primero arribó un solo ejemplar, un macho que en cuanto llegó a Medellín llamó la atención; fue la prensa, a fotografiarlo y publicarlo; sin embargo, Escobar decidió ser más cauteloso “Mi arca de Noé está coja”, dijo el capo al ver que el hipopótamo estaba solo, por lo que llamó a Estados Unidos y pidió una hembra -finalmente llegarían dos hembras más-. Esos ejemplares fueron colocados en el Río Magdalena, sitio que brindó las condiciones propicias para que vivieran y se multiplicaran, ya que había agua y pastos en abundancia, pero principalmente, carecían de depredadores que regularan su población.
En África, cuando un hipopótamo es pequeño y en desarrollo tiene depredadores como, cocodrilos, leones o hienas -entre otros carnívoros-, se alimentan de ellos y regulan su población, en el Magdalena no hay dicho control.
Pablo Escobar era una persona del pueblo, y se sentía parte de éste, por lo cual, los fines de semana permitía que la gente de la zona entrara a su hacienda y él mismo organizaba paseos, así la gente conocía animales que solo veía en la televisión o revistas.
Y para redondear el sitio, a petición de sus hijos, Escobar para hacer más atractivo el lugar, ordenó construir dinosaurios y mamuts de tamaño natural. Pero todo cambio al acercarse la década de los noventa, ya que Pablo Escobar fue perdiendo gradualmente el poder absoluto con el amasó inmensa fortuna.
Finalmente, el cerco que la policía colombiana con apoyo de las agencias de seguridad de Estados Unidos funcionó y la pinza se cerró sobre él y el 3 de diciembre de 1994, un día después de cumplir los 44 años de edad, el líder narcotraficante fue abatido y con su muerte, se desmoronó su imperio.
El gobierno allanó sus propiedades y por supuesto, la Hacienda Nápoles pues ahí vivió el capo que puso de cabeza a varios presidentes colombianos.
En este contexto y para desgracia de los animales -que eran más de 190 especies-, quedaron en el olvido pues rebasaron la capacidad del gobierno; algunos murieron, otros fueron llevados a zoológicos y santuarios dentro de Colombia, menos los hipopótamos -un macho y tres hembras-, que se reprodujeron y 40 años después ya suman al menos 143, en el Río Magdalena, convirtiéndose en un grave problema para habitantes y autoridades de la zona, considerándolos “especie invasora”, que pone en peligro el ecosistema de humedales, además de alimentarse de cultivos del lugar, y ser muy agresivos.
Como una primera solución, se pensó en sacrificarlos, sin embargo, diversos colectivos animalistas se opusieron, y hasta la fecha no hay una solución viable. Algunos han sido esterilizados, pero no basta.
De momento, se planea que al menos 10 hipopótamos jóvenes, que ya rebasan los 700 kilos de peso, sean colocados en el santuario Ostok, en Culiacán, México, donde según los administradores de este santuario que es considerado vanguardia no solo en el país sino en el mundo, ya cuenta con un enorme tanque de 30 mil metros cúbicos, para que se llene de agua y los reciba.
A pesar que desde 2023 se tenía contemplado el arribo de algunos de los hipopótamos de Escobar a Culiacán, se espera que este 2025 finalmente lleguen a México, dicho proceso se había retrasado por pendientes ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.
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(*) Investigador y docente de literatura